Me cuesta
controlar mi mirada, creo que dice más que las palabras que salen de mi boca.
Se me hace muy difícil controlar mis
pensamientos, mis malas contestaciones, mi enojo rápido, mi espontaneidad, mi
cara de “me caes mal”. Y juro que no me
gusta ser así, porque siempre quedo mal parada y la gente tiene una visión
de mí que quizás no se acerca ni un poco a la realidad.
Siempre me hice la
idea de que mis malas contestaciones son para mostrarme fuerte, porque cuando era chica me veían flaca y débil,
pensaban podía romperme con un viento o sólo un soplido. Y el día de hoy, con mis cortos años de vida,
puedo decir que sí soy débil, que me trago las lágrimas
para que no me vean llorar y se me forma una angustia en el pecho tan fuerte
que necesita expresarse sólo con lágrimas.
Transparente como una hoja de calcar pero impermeable como el plástico.
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